Cada mayo, Madrid se convierte en el escenario de su celebración más emblemática: las fiestas de San Isidro, patrón de la capital.

Durante estos días, la ciudad refuerza su vínculo con la tradición y la cultura popular madrileña a través de propuestas como la romería en la Pradera de San Isidro, los chotis y la presencia de chulapos y chulapas que llenan de ambiente distintos puntos de la ciudad.
Todo ello conforma un conjunto festivo en el que la gastronomía ocupa también un papel central, con especial protagonismo de las rosquillas de San Isidro, uno de los dulces más representativos de estas fechas y símbolo de la esencia repostera madrileña.
En este contexto, Viena Capellanes se une un año más en la festividad con su surtido de rosquillas de San Isidro, reforzando su vínculo con la cultura gastronómica de Madrid a través de un producto que forma parte de su legado desde hace generaciones. La icónica marca madrileña vuelve a ofrecer las variedades tradicionales de rosquillas —tontas, listas, francesas y de Santa Clara— y también la versión más vanguardista de la cadena, hecha con caramelos de violetas, con una previsión de aproximadamente 150.000 unidades en total que contribuirán a mantener viva esta tradición madrileña.
Cuatro formatos, cuatro maneras de disfrutar de la tradición
Las rosquillas de San Isidro más representativas son las tontas y las listas. Ambas comparten una misma base, compuesta por una mezcla de huevos, azúcar, aceite de oliva y harina floja, aunque se diferencian en su acabado final. Las tontas son la versión más sencilla, finalizadas con un ligero toque de anís; mientras que las listas incorporan un baño de almíbar y un glaseado de fondant de limón, que les aporta una textura más jugosa y característica. A estas dos elaboraciones, Viena Capellanes suma otras dos variedades igualmente emblemáticas: las rosquillas de Santa Clara y las francesas. Las primeras se distinguen por su cobertura de merengue seco sobre la base de la rosquilla lista, mientras que las segundas se elaboran con trocitos de almendra y azúcar glass, partiendo de una base similar a la de la rosquilla tonta.

La Rosquilla de Violeta, edición limitada de Viena Capellanes
Además de las variedades más tradicionales, la firma madrileña volverá a tener disponible su esperada Rosquilla de Violeta, una edición limitada que nació con motivo del Año Jubilar de San Isidro. Se trata de una creación especial de la casa, que ya se ha convertido en uno de los productos imprescindibles de la festividad y rinde homenaje a un sabor muy emblemático de Madrid: el caramelo de violeta. La base de esta rosquilla es muy similar a las rosquillas de Santa Clara, pero el merengue se adereza con una delicada infusión de violeta y se le añaden trocitos de violetas de caramelo, dando lugar a una versión fresca, exclusiva y muy castiza para estas fechas.
En su conjunto, esta selección de elaboraciones refuerza la presencia de Viena Capellanes en las fiestas de San Isidro, consolidando su papel como referente de la restauración madrileña y como uno de los principales puntos de encuentro para disfrutar de la tradición dulce de la capital en estas fechas.









